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jueves, 30 de junio de 2011

Detectada una nueva tribu aislada en la Amazonia brasileña

Las autoridades prohíben contactar con estas comunidades para evitar contagios


Son alrededor de 200 individuos, forman parte de la comunidad lingüística llamada pano y habitan en el Valle del Javari, una región amazónica al norte de Brasil, cerca de la frontera con Perú. La Fundación Nacional del Indio (Funai), un órgano del Gobierno brasileño, acaba de confirmar la existencia de una tribu indígena que, según creen los investigadores, no ha mantenido contacto alguno con la civilización, principalmente porque sus integrantes viven en una zona de alta densidad selvática. Los investigadores creen que estos grupos tienen la misma forma de vida que hace mil años. Viven en grandes chozas con el techo de paja y cultivan productos como maíz, plátano y cacahuetes.
Las autoridades brasileñas quieren que la tribu continúe aislada para evitar amenazas para los indígenas como el contagio de enfermedades infecciosas. Por eso el Gobierno prohíbe que se entre en contacto con estas tribus. En 1996, los investigadores contactaron con la tribu de los koburos; a partir de entonces, la Funai resolvió no volver a acercarse a esos grupos y conformarse con estudiarlos a distancia y desde el aire. En el caso de esta nueva tribu, la Funai llevaba meses investigándola, pues tenía noción de la existencia de este grupo por los relatos recogidos en otras comunidades. Sin embargo, se desconocía su ubicación; esta se detectó a partir de imágenes de satélite y se confirmó cuando, al sobrevolar la zona, se observaron cuatromalocas, esto es, grandes chozas colectivas.

Setenta grupos

La Funai estima que unas 70 tribus permanecen aisladas en la selva, sin contacto alguno con la civilización. De ellas, habría sido localizada una treintena, 14 de ellas en el valle de Javari, que posee un tamaño similar al de Portugal y alberga la mayor concentración de grupos indígenas aislados del mundo, según ha asegurado Fabricio Amorim, responsable de la Funai. Unas 2.000 personas formarían parte de esas comunidades. Estas estimaciones han sido elaboradas a partir de un centenar de indicios de ocupación, como chozas y plantaciones, que se han hallado en los últimos cinco años.
En Brasil, según datos de la Funai, viven en aldeas medio millón de indígenas, que pertenecen a 225 etnias diferentes y hablan 180 lenguas. La ley protege sus derechos: la Constitución de 1988 establece que el territorio que pertenece ancestralmente a los pueblos originarios debe volver a ellos; por el momento, alrededor del 12% del territorio brasileño ha sido demarcado como reserva indígena. Así se intenta garantizar la supervivencia de comunidades que se enfrentan a amenazas como la explotación maderera legal, el narcotráfico, la pesca a gran escala y la prospección petrolífera y mineral. (Fuente: Público.es)

martes, 19 de abril de 2011

Nuevas potencias emergen sobre aguas ajenas

Los países emergentes construyen numerosas centrales hidroeléctricas para dar energía a su expansión económica, con diferente repercusión en su vecindario. Mientras en América Latina esa estrategia es planteada como un proceso de integración, en Asia genera tensiones por el uso compartido de ríos.

Brasil, abanderado de esta política en América Latina, tiene un acuerdo para levantar cinco complejos hidroeléctricos en Perú, con participación de capitales en firmas concesionarias y en las propias obras, y está interesado en dos similares que dependen de acuerdos con Bolivia, uno binacional a ubicarse en la parte fronteriza del río Madera (Madeira en portugués) y otro totalmente boliviano.



Buena parte de la energía que generen todos estos proyectos se destinará a Brasil, cuyo gobierno prevé un aumento de la demanda de electricidad de 5,9 por ciento por año hasta 2019, cuando se requerirá de una capacidad instalada de 167.078 megavatios, más de dos tercios de los cuales serán de fuente hidráulica.

Construir represas afuera del país es una manera de eludir la fuerte oposición ambiental y de los indígenas que afrontan esas obras en la Amazonia brasileña, que concentra la casi totalidad del potencial hidroeléctrico nacional aún por aprovechar.

Cachuela Esperanza, en el río Beni, en el norte de Bolivia y cerca de la frontera brasileña, tendrá una potencia de 990 megavatios, según un proyecto elaborado por la consultora canadiense Tecsult. Un volumen equivalente a casi toda la demanda actual de energía de ese país del altiplano andino.

"Solo será rentable si exporta más de 90 por ciento" de lo que genera, dijo a IPS Walter Justiniano, un ingeniero de la vecina ciudad de Guayaramerín, especializado en el tema. Es que su distribución interna en Bolivia exigiría construir extensas líneas de transmisión, puesto que el primer gran centro consumidor está a 1.000 kilómetros de distancia, explicó.

En tanto, el proyecto de Riberón (Ribeirão, para los brasileños), en el río Madera, se prevé que tenga una capacidad de 3.000 megavatios. Esta potencia es igual a la de Itaipú, la segunda mayor hidroeléctrica mundial, construida hace 27 años por Brasil en la frontera con Paraguay. Ese último país nunca pudo consumir más de 10 por ciento de la energía generada allí, aunque le corresponda la mitad.

Estos dos proyectos están aún en estudio, según Alberto Tejada, gerente de Generación de la boliviana Empresa Nacional de Electricidad (ENDE).

Cachuela Esperanza depende de la evaluación de "cuestiones técnicas, políticas de soberanía, seguridad y cuidado del medio ambiente", señaló el funcionario a IPS. "Las gestiones para su financiamiento y construcción no están muy avanzadas", admitió, aunque el presidente de Bolivia, Evo Morales, manifestó en enero su disposición de impulsar el proyecto.

Por su parte Riberón depende de un acuerdo entre Bolivia y Brasil, "que garantice los tratados aplicables a ríos internacionales de libre navegabilidad", observó Tejada.

Un equipo técnico boliviano estudia el inventario del potencial hidroeléctrico de tres ríos de la cuenca compartida con Brasil, que servirá de base a las negociaciones, añadió.

Los cursos de agua a represar, tanto en Bolivia como en Perú, son formadores de los grandes ríos amazónicos brasileños, como Madera o Madeira y Solimões, lo cual quiere decir que están en la parte alta de las cuencas.

 
Brasil juega un papel en América Latina, donde empresas como Odebrecht, Andrade Gutierrez, Camargo Corrêa y Queiroz Galvão están presentes en las grandes obras.

Casi todos los países de América del Sur tienen excedentes energéticos y disponibilidad de fuentes, como petróleo, hidroelectricidad, gas natural o carbón, que varía entre ellos. Además, "unos estados tienen recursos naturales, pero no capital ni tecnología".

Esas condiciones justifican buscar la "integración energética", que, además de complementariedad, permite "mayor conocimiento entre los vecinos", sostuvo Daniel Falcón, diplomático de la División de Recursos Energéticos no Renovables de la cancillería brasileña.

Ese es uno de los temas que aborda con mayor énfasis la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) desde 2007. Ya cuenta con directrices y con un plan de acción, y le falta solo la concreción del tratado energético en negociación. "No hay iniciativas similares en el mundo, ni siquiera en la Unión Europea", aseguró Falcón a IPS.

La construxxión de Cachuela Esperanza, exigirá un embalse "casi tan grande como el de Itaipú", con lo cual se inundarán bosques bolivianos, advirtió el ingeniero Justiniano, coincidiendo con otros críticos de la construcción de represas hidroeléctricas "brasileñas" en Perú, que las consideran innecesarias y destructoras de una rica biodiversidad.

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http://www.portaldelmedioambiente.com/articulos/9580/nuevas_potencias_emergen_sobre_aguas_ajenas/